Nada más entró me llamó la atención su cara. Era la de un fracasado. Mirada triste, su color de la piel grisáceo, moreno con pelo corto y suaves canas en las sienes, caminaba como encogido, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón y vestía de negro. Su mirada era la de un perdedor. Se movía indeciso, dubitativo, sin seguridad en sí mismo se acercó a la barra y se apoyó en ella. Nadie le hizo caso.
A los diez minutos de estar "haciendo barra", Mak lo miró y él aprovechó para hacer una señal de atención con su mano derecha y le pidió una cerveza. Aquel tipo parecía americano, el típico trotamundos. Desde que llegué a esta ciudad había conocido a muchos expatriados similares que habían aterrizado aquí persiguiendo un sueño que acabó en pesadilla. Lo calé enseguida, estaba claro que en la ruleta de la vida este tío no tenía su número.
Soy asiduo en el "Black Storm", me encanta este garito todo de madera, con fotos en blanco y negro de músicos colocadas en las paredes; ahí está Frank Zappa (buena foto), Jimmy Hendrix, Jhon Coltrane y otros muchos que miran como bebemos cervezas. La fauna que pulula por este bar es de lo más variopinta, y la música que pone Mak, rock de los 70, se agradece.
Disfruto de la segunda cerveza mientras observo a los incondicionales. Lee y An, dos prostitutas orientales que tienen al Black Storm como centro de operaciones. "Los Flecos", un grupo de 4 amigos con un look de rockero-hippys de entre 30 a 35 años que siempre quedan aquí antes de salir de fiesta. La "Yeni" ronda los 45 años, aunque aparenta 68; ex-toxicómana, ex-prostituta, excarcelada después de cumplir año y medio por varios robos y atracos; actualmente ejerce de alcohólica asidua a la barra del "Black". Seguro que la "Yeni" tiene muchas historias interesantes que contar, pero los años de mala vida le están pasando factura y se le empieza a ir la cabeza. El personaje más sorprendente es Matute, alias el General.
Con Matute he compartido mesa y veladas de animosas charlas. Gran bebedor de cervezas, en una tarde-noche puede con cinco o seis litros y el tío tan pancho. Debe de pesar entre 130- 140 kilos, pero no está obeso ni con exceso de grasa, es fuerte y musculoso. Fue militar durante cinco años, luego se dedicó a la seguridad privada, traficó con drogas, tuvo un negocio de hostelería y un gimnasio. Ahora con 42 años y, después de vender todo lo que tenía, vive de rentas. Dedica su tiempo a beber cervezas, hacer deporte, oír música y ligar con chicas. Un buen plan de vida.
Fabio, italiano, de profesión buscavidas, igual ayuda a Mak en el bar los pocos días que abunda la clientela, busca clientes para Lee y An por una módica comisión, o trapichea con lo que encuentra.
El General es un personaje respetado e influyente dentro de los bajos fondos, aunque con relaciones con gente de todos los estamentos sociales; lo que más le atrae son los ambientes turbios y peligrosos; dice que sin ellos su vida sería demasiado aburrida y simple. Parece que necesitaba un amigo para contar sus historias y confidencias, yo le caí bien, y me escogió; me ha venido bien porque mi situación económica es bastante precaria, es decir, estoy más seco que el desierto del Mojave a las doce del medio día; y siempre me está invitando a cervezas y muchas veces corre con los gastos de cenas, comidas o juergas.
Todos somos como una pequeña familia y nos ayudamos en todo lo que podemos, Lee y An, el General y yo nos montanos algunas fiestas juntos de forma altruista; Mak algunas pocas veces cuando la noche se apaga nos invita a alguna cerveza, y una vez al mes hacemos como una tertulia a puerta cerrada entre los incondicionales.
El Black Storm es un local tranquilo y agradable donde vamos acabando los desechos de la sociedad. Yo tenía una vida bastante normal, podía ser un contable, un profesor de música o incluso un cura, pero las circunstancias me llevaron a convertirme en un psicópata.
El General y yo, cuando buscamos acción, acudimos a un callejón secreto y peligroso donde se encuentra "Las Santas", nuestro burdel preferido.
Aquel tipo estaba sentado frente a mí, fumaba, hablaba y sonreía con expresión cínica, todo a la vez. El General le explicaba cual creía que debía de ser la actitud más coherente hacia la vida. Pero el tipo, mientras escuchaba al General, tenía sus ojos clavados en mi careto. El Rubio (lo llamaremos así al tipo en cuestión) hacía 2 meses que salió del trullo, estaba trabajando varias zonas con extorsiones, tráfico de sustancias y objetos ilegales, proxenetismo; en fin, estaba en su oficio. El problema fue que un comerciante al que trataba de extorsionar era un gran amigo del General. La charla continuaba, y el Rubio seguía castigándome con su mirada profunda y fría, la mueca de su boca con el cigarro y esa semi-sonrisa cínica estaban empezando a tocarme los cojones. Todos teníamos las manos sobre la mesa o a la vista, cualquier movimiento de manos sospechoso podría desatar una buena trifulca. El Rubio venía arropado por dos guardaespaldas y una "secretaria". Era el típico chulo, prepotente y miserable de los bajos fondos, se sentía importante y un tipo duro a base de humillar a los demás y mantener siempre esa actitud chulesca; pero si le quitabas eso sólo había un saco de mierda.
En mi espalda y sujeto por el cinturón, llevo un revólver corto con silenciador y con tambor de ocho balas, tiene un alcance limitado, pero es ideal para estos casos. Continúan hablando, yo en ningún momento he abierto la boca, estoy evaluándo la eficacia y tiempo en el que podría cargarme a los dos guardaespaldas, al Rubio y la "secretaria" y lo ví factible. Afortunadamente el Rubio y el General parece que llegaron a un acuerdo y la cosa quedó en tablas, pero yo estaba convencido que aquella sonrisa se cruzaría en mi camino más pronto que tarde.
Todos somos como una pequeña familia y nos ayudamos en todo lo que podemos, Lee y An, el General y yo nos montanos algunas fiestas juntos de forma altruista; Mak algunas pocas veces cuando la noche se apaga nos invita a alguna cerveza, y una vez al mes hacemos como una tertulia a puerta cerrada entre los incondicionales.
El Black Storm es un local tranquilo y agradable donde vamos acabando los desechos de la sociedad. Yo tenía una vida bastante normal, podía ser un contable, un profesor de música o incluso un cura, pero las circunstancias me llevaron a convertirme en un psicópata.
El General y yo, cuando buscamos acción, acudimos a un callejón secreto y peligroso donde se encuentra "Las Santas", nuestro burdel preferido.
Aquel tipo estaba sentado frente a mí, fumaba, hablaba y sonreía con expresión cínica, todo a la vez. El General le explicaba cual creía que debía de ser la actitud más coherente hacia la vida. Pero el tipo, mientras escuchaba al General, tenía sus ojos clavados en mi careto. El Rubio (lo llamaremos así al tipo en cuestión) hacía 2 meses que salió del trullo, estaba trabajando varias zonas con extorsiones, tráfico de sustancias y objetos ilegales, proxenetismo; en fin, estaba en su oficio. El problema fue que un comerciante al que trataba de extorsionar era un gran amigo del General. La charla continuaba, y el Rubio seguía castigándome con su mirada profunda y fría, la mueca de su boca con el cigarro y esa semi-sonrisa cínica estaban empezando a tocarme los cojones. Todos teníamos las manos sobre la mesa o a la vista, cualquier movimiento de manos sospechoso podría desatar una buena trifulca. El Rubio venía arropado por dos guardaespaldas y una "secretaria". Era el típico chulo, prepotente y miserable de los bajos fondos, se sentía importante y un tipo duro a base de humillar a los demás y mantener siempre esa actitud chulesca; pero si le quitabas eso sólo había un saco de mierda.
En mi espalda y sujeto por el cinturón, llevo un revólver corto con silenciador y con tambor de ocho balas, tiene un alcance limitado, pero es ideal para estos casos. Continúan hablando, yo en ningún momento he abierto la boca, estoy evaluándo la eficacia y tiempo en el que podría cargarme a los dos guardaespaldas, al Rubio y la "secretaria" y lo ví factible. Afortunadamente el Rubio y el General parece que llegaron a un acuerdo y la cosa quedó en tablas, pero yo estaba convencido que aquella sonrisa se cruzaría en mi camino más pronto que tarde.
Estaba en la esquina del Flat, mirando la avenida que con su pendiente descendente lleva a "Las Letrinas"; una zona de chabolas grises donde habitan los desperdicios de esta ciudad. Chester lo define así: Al fondo se divisa un valle, donde olas de grises azoteas falsean la perspectiva como la superficie del mar. Bajo esa superficie, en las turbias aguas de fétidas viviendas, hay una población de gente convulsa en su desesperación por vivir, similar a un hervidero de millones de hambrientos peces caníbales. Ciegas fauces devoran sus propias entrañas. Aquí, hasta a un ciego le robarían sus ojos.
Para entrar en Las Letrinas solo puedes hacerlo con un guía. Es decir, con un sicario de la banda criminal a la que visitas, él te acompaña hasta su sector y luego te deja donde te recogió, de otra forma nunca duras vivo más de cinco minutos. Las ratas, cucarachas y otros insectos campan a sus anchas, se comen los desechos de los humanos, se comen entre ellos y a veces también a algún humano. Es normal ver el cadáver de alguien durante el trayecto, tirado en cualquier lugar. Los "quemadores" es un grupo pagado por las diferentes bandas que controlan Las Letrinas cuya misión es incinerar cadáveres, ratas, basura y residuos que fagocitan poco a poco la colonia de chabolas. Me hace gracia ver a chavales de ocho a diez años jugando al fútbol con un cráneo humano a modo de pelota.
En tres ocasiones he visitado el interior de Las Letrinas, y debe de ser lo más parecido al Infierno que pueda existir. El General me envía a recoger a sus chicas, niñas de doce a dieciséis años que acabarían como esclavas sexuales, drogadas y muertas antes de cumplir los veinte. Las saca de allí pagando una cantidad ridícula de dinero, luego coloca alguna como criada en casas de gente que conoce y otras las vende a prostíbulos con los que tiene relación obteniendo una importante plusvalía. Él dice que cualquier cosa es mejor que estar en Las Letrinas, y aunque desde el punto de vista ético pueda ser algo cuestionable, dice que actúa como una ONG. El General es un hombre práctico y con gran corazón.






