Hace 15 días pasé el fin de semana en Benidorm y Altea, lugares que ya conocía de otras visitas, pero que me gusta recordar de vez en cuando. Benidorm es una ciudad que, según con quien hables, produce sensaciones de amor o de odio. A mí personalmente me gusta, claro que procuro ir fuera de los meses de vacaciones de verano, y casi siempre me muevo por la zona de la playa de Poniente, mucho menos saturada de gente y más tranquila. El agua de sus playas continúa transparente y la zona de arena limpia. Su arquitectura en vertical prolifera por cualquiera de sus áreas y la crisis parece que se nota menos que en otros lugares turísticos.
Estos días la mayoría de gente que vi eran jubilados y pensionistas propietarios de apartamentos o en viajes del "Inserso", y grupos de británicos que estaban de despedidas de soltero o en busca del buen tiempo del que carecen en su país. La verdad es que el clima era ideal, temperatura de unos 25º, suave brisa marina y la relajante vista del mar azul.
Altea es un pueblo típico de la costa mediterránea enclavado sobre una pequeña colina y con estupendas vistas al mar y la montaña. El casco antiguo me encanta, ideal para pasear y relajarse, te obsequia también con buenas tiendas, restaurantes y terrazas donde tomarte un refresco. Altea , a diferencia de Benidorm, carece de grandes edificios, su arquitectura es más horizontal, predominan las construcciones de unifamiliares y chalets.









