Tenía que pedir un certificado de "no sé qué" en uno de los múltiples organismos oficiales que nos invaden, y para acelerar el proceso, decido mirar por internet en la correspondiente página oficial la dirección y los documentos que debo llevar. La primera sorpresa se produce cuando llego a la dirección reseñada en la página web y allí "ni están ni se les espera", preguntando a los vecinos me informan que hace más de un año que se fueron de esa dirección. Posteriormente me comentaron que las paginas de los Organismos de este país son "imprecisas" y no se actualizan con la debida diligencia.
Una vez averiguo la dirección correcta, me persono allí, saco my número y espero. Después de una espera de 20 minutos, mi número aparece en la pantalla indicándome la mesa 23. En ella se encuentra el simpático funcionario que me atiende, según reza en una plaquita metálica que tiene sobre la mesa se llama D. Parsimonia Lentero. Con extremada pulcritud y atención concentrada analiza minuciosamente los papeles que le entrego, una vez le indiqué mi solicitud de un certificado de "no sé qué". Cuando pasados unos largos minutos parecía que el tema se resolvía satisfactoriamente D. Parsimonia hizo una leve mueca y espetó:
-Vaya, parece que aquí falta algo.
-No es posible, le respondí, consulté los documentos necesarios por Internet.
-Por Internet a veces la información no está actualizada o está incompleta, me responde
-Me lo va a decir usted a mí, que me han remitido a una dirección que hace tiempo no es válida, ya podían tener un poco de consideración hacia los ciudadanos y hacer las cosas correctamente.
La expresión de D. Parsimonia se crispó de repente y se quedó unos segundos pensativo (imagino que lo que pensaba sería algo parecido a "este cabrón me va a joder el día"), cuando salió de su letargo me dijo:
-Yo trato de hacer mi trabajo, si tiene algún problema ponga una queja.
-Por supuesto que la voy a poner, pero yo no me levanto de esta mesa sin mi certificado.
-Bueno a mi me da igual, podemos pasar la mañana mirándonos las caras.
-Si le da igual es que usted tiene muy poco respeto por los ciudadanos que pagamos su sueldo (esta frase les suele fastidiar bastante a no ser que el funcionario sea un soberano hijo de puta), si usted no piensa darme una solución, quiero que venga el responsable de ésta oficina.
Don Parsimonia se levantó de su mesa lentamente, y sin mirarme ni decir nada, se dirigió hacia el fondo de la sala, donde había una puerta que daba a un despacho. Por el camino se detuvo a hacer algún comentario con sus colegas de trabajo, sin prisas y quizás con algo de temor se dirige al despacho de su superior que con toda seguridad estará leyendo el periódico o chateando por el messenger.
Al rato, aparece con otra persona que camina con aires de grandeza, como diciendo "a ver qué pasa aquí, que esto lo soluciono yo en un plis plas". Casualidades de la vida dicha persona era un conocido, era el sr. Sobrino (del concejal de urbanismo). Hace años cuando yo vivía en el barrio de "verparacreer" tenía una vecina que se llamaba Felisa Hermosa Fuentes, una señora viuda que vino de su pueblo natal. Tenía una hija bastante atractiva de unos 20 años que quería ser actriz, modelo o cantante; y al no ver futuro en su pueblo natal de una provincia del norte llamado Cotillas, emigraron a ésta ciudad. Su hija, Vulva Pérez Hermosa frecuentaba una discoteca donde una "saturday night fever" conoció al sr. Sobrino (del concejal de urbanismo). Así es como conocí a este tipo, que años más tarde cuando montó esa empresa por indicación de su tío para poder realizar un proyecto de "interés público" pagado por el Ay-untamiento; se compró un Mercedes y se casó con Vulva Pérez Hermosa.
-Hombre!, como estás?, parece que tenemos algún problema, no?. Explíqueme Parsimonia, que pasa?.
Después de una breve exposición por parte de Parsimonia el sr. Sobrino (del concejal de urbanismo) dijo:
-Pero hombre, eso no es un problema, emite el certificado, que yo te lo firmo y listo.
-Nada, si necesitas alguna cosa ya sabes donde estoy, me alegro de verte.
-Gracias, siento las molestias, me imagino que estarás muy ocupado para molestarte con cosas de esta índole, pero no es culpa mía.
-De nada hombre. Y dando media vuelta se marchó
En fin y por resumirlo, me dieron un papel para pagar la tasa de expedición del certificado, fui al banco, pagué y volví al mostrador donde me indicaron y allí me lo entregaron. Una mañana entera perdida para un certificado. Una mañana de éxito pues lo había conseguido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario